lunes, 3 de abril de 2017 | By: S

Ella

  Ella decidió crear un libro donde poner sus propios conjuros y experimentos con pociones. Se le ocurrió desayunando, mientras comía una galleta de chocolate de la marca Digestive. Las de chocolate negro. Para beber sólo tenía agua, pero es que no le gustaban los zumos y su té se había quedado frío en la mesa del escritorio.

  Ella pensó en escribir todo tipo de historias relacionadas con la magia, y si con ello practicaba su escasa habilidad en el manejo de la lengua, mejor que mejor. Le encantaba escribir, pero sabía que no practicaba lo suficiente. 

  Ella sabía que debía ponerse un nombre, pero aun no lo había decidido, y dejó el hueco en blanco. Sólo por ahora, pensó. Ya se le ocurrirá algo; siempre se le ocurría.

  Miró el reloj, y soltó un suspiro al ver la hora tan adelantada. Debía ir al trabajo y todavía no se había peinado, ni vestido, ni lavado los dientes... ni siquiera había recogido sus ganas de salir de casa, que yacían todavía en la cama, deshecha. Miró su móvil, esperando recibir un mensaje que dijera que el restaurante en el que trabajaba estaba tranquilo y no debía ir hasta una hora más tarde. Pero ya era la hora de salir, y no podía esperar. Se levantó de la silla, convenciéndose por enésima vez de que tan sólo era un trabajo temporal, y fue a arreglarse dejando el libro abierto en su escritorio, por la página que estáis leyendo. La pluma y el tintero reposando a un lado, esperando su regreso.

  Ella les dijo adiós con la mano y salió de casa. Ella era una bruja.



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